jueves, 8 de abril de 2021

LAS PIRAMIDES EN EGIPTO Y MISTERIOS QUE LAS RODEAN


No me extrañaría que luego Napoleón utilizará esos descubrimientos y realizara una segunda campaña, que fuera la que pasará a la historia. En segundo lugar, y por ultimo, tengo mis dudas con el origen de la Luna. Supongamos que hace miles o millones de años haya existido una civilización muy avanzada, que algunos llaman Atlantida o Lemuria, no me extrañaría que supieran de antemano que pudiera haber una catástrofe planetaria, y con esa información hayan construido la Luna con el único fin de protegerse. Es decir, tengo la teoría que la Luna pudo haber sido la verdadera Arca de Noé.






La nueva cronología es una teoría alternativa pseudohistórica2​ asociada al matemático ruso Anatoly Timofeevich Fomenko en colaboración con colegas de su misma nacionalidad, incluido Gleb Vladimirovich Nosovsky, quienes utilizan matemática aplicada, astrofísica y otras ciencias fundamentales para afirmar que la cronología histórica convencional está viciada y es fundamentalmente errónea, e intentan volver a escribir la historia mundial.

Las ideas de esta «nueva cronología» son continuación directa de las postuladas por el astrónomo y enciclopedista ruso Nikolai Morózov, e incluso podrían haber tenido su origen en las teorías del erudito francés Jean Hardouin.​ Sin embargo, la nueva cronología está comúnmente asociada con el matemático ruso Anatoly Fomenko (1945-), aunque los trabajos publicados sobre el tema son en realidad una colaboración entre Fomenko y otros matemáticos. El concepto está ampliamente explicado en su obra, publicada originalmente en ruso History: Fiction or Science? Chronology






La nueva cronología contiene una reconstrucción, una cronología alternativa, radicalmente más corta que la cronología convencional, ya que mantiene que toda la Historia griega/romana/egipcia antigua se «introduce» en la Edad Media, y la Alta Edad Media es eliminada. De acuerdo con las afirmaciones de Fomenko, la historia escrita de la humanidad comienza como muy temprano en el 800 d. C.; según él, casi no tendríamos ninguna información sobre acontecimientos del período 800-1000 d. C., y la mayoría de los acontecimientos históricos que conocemos como antiguos y altomedievales ocurrieron en realidad entre los años 1000-1500 d. C.

Mientras que algunos investigadores convencionales han ofrecido cronologías revisadas de la historia clásica y bíblica que acortan la duración de la historia antigua, eliminando varias «Edades Oscuras», ninguna de estas cronologías revisionistas es tan radical como la de Fomenko. La nueva cronología es rechazada por los historiadores y no es compatible ni con la datación absoluta ni con la datación relativa, técnicas utilizadas de forma amplia por la comunidad académica. La mayoría de historiadores consideran la nueva cronología como pseudocientífica



LA HIPÓTESIS X-185

Trabajo desarrollado en el DIAGRAMA GLOBAL DE LA DOBLE MANIPULACIÓN CRONOLÓGICA DE LA HISTORIA HUMANA - Representación del Mapa Cronológico Global de la "Nueva Cronología" (3a Parte) - V.3.0
 

Este ejercicio es una aproximación a la reconstrucción de la Historia que se realiza en Europa, entre los siglos XVII y XVIII, y que se continúa en los siglos XIX, XX y XXI. En general, el resultado es concluyente: hay motivos y evidencias que corroboran la investigación de la NC. Es decir, la NC se confirma, y este trabajo aporta nuevas pruebas y razones para consolidar el trabajo hecho desde Moscú. Pero, por este mismo motivo, la investigación puede ampliarse.

La hipótesis del doble salto cronológico se confirma, en la medida que la contrastación realizada es coherente. Pero es necesario ampliar su análisis, en especial en el resto de crónicas de las naciones de Europa Occidental. En este sentido, conviene ampliar el análisis en el espacio eslavo, escandinavo y germánico.

La exploración principal (el traslado del poder a Europa Occidental entre los siglos XVII y XVIII) es coherente, pero abre nuevos caminos a analizar. Por ejemplo, es razonable seguir la investigación en la reconstrucción del Preste Juan y del Arca de la Alianza, y seguir apuntando a la raíz del Papa de Roma. Por otro lado, es razonable seguir la búsqueda de las raíces imperiales del Sacro Imperio Romano, vinculándolo al Papa, el último Preste Juan y el último Gran Khan del Imperio Original.

Respecto al nuevo actor de la NC, los Láscaris Comneno, esta investigación es parcialmente concluyente. Por un lado, los vínculos naturales con la historia de los Habsburgo, así como la coincidencia de los escudos, es una prueba de peso. Pero por otro lado aparece la duda del alcance de la familia. La ocupación de la estirpe del Imperio enlaza con el traslado a Rusia y los Romanov intrusos. Y esta parte de la historia no está directamente relacionada con los Láscaris. Por lo tanto, conviene que mantener la investigación en esta línea.

Resumiendo, se expone la siguiente lista de aportaciones a la NC:

La doble manipulación cronológica en Europa Occidental (los 1000 y los 185 años) y la fecha del martirio de Cristo: en 1185.
Avance en el misterio del Arca de la Alianza, del año 1486, que describe el Apocalipsis, vinculándolo a la Orden del Templo de Salomón.
El vínculo entre la alianza Paleólogo-Genoveses y la alianza Horda-Otomanos.
La investigación sobre la alianza global encubierta en el Tratado de Viena de 1725, y el posterior episodio del Tratado de Viena de 1815.
Descubrimiento de la clave cronológica descrita por Isaac Newton, en la obra póstuma Observations upon the Prophecies of Daniel, and the Apocalypse of St. John (1733)
Comprensión de la evolución de los símbolos de Cristo: del Gran Khan al Cristo Jesús.
El rol del Preste Juan, el puente entre el Gran Khan y el Papa de Roma, creado junto con el mito de Cristo, por intercesión de Tres Reyes Magos (libro El Becerro y cuento egipcio Setme II).
La reconstrucción del expolio de Tierra Santa y la posterior reconstrucción de la Historia en Europa Occidental.
La reubicación cronológica de la obra de J.J.Scaliger, del siglo XVI al siglo XVIII.
La nueva cronología de la Compañía de Jesús, iniciada en 1725 (1540+185).
La reconstrucción de los poderes imperiales de los Duques de Alba (linaje Comneno, como Cristo Andrónico).
La nueva cronología de la reocupación colonial de América.
La reconstrucción parcial de la nueva cronología de los Catalanes, los Andaluces y los Españoles.
La reconstrucción parcial de la casta Khazar.
La nueva cronología de la contrarreforma católica, del siglo XVI al siglo XVIII.
Los vínculos entre el ocaso del catolicismo y el Imperio de Napoleón.
La reconstrucción parcial de la militarización de Europa Occidental, gracias a las alianzas nobiliarias.
La reconstrucción detallada de la lucha imperial Habsburgo-Borbón (Láscaris-Ángelus), y las raíces de los imperios español y portugués.
 

Diálogo con la reconstrucción hecha por la NC

En conjunto, aparecen numerosas líneas de trabajo que complementan la reconstrucción histórica hecha por la NC, pero a la vez plantea variantes. Se destacan cuatro cuestiones: a) el salto de 185 años; b) el descubrimiento de América; c) el relato Habsburgo-Papa propuesto; y d) el Arca de la Alianza.

La hipótesis del salto de 185 años no está identificada por la NC, si bien se aproxima mucho. Se trata de un salto cronológico que, de acuerdo con la reconstrucción que aquí se realiza, aporta un sentido a la datación del año 1185 como fecha del martirio de Cristo. Es sencillo, se crean primero mil años para la gloria de Cristo, y luego 185 para trasladar al pasado la hazaña del descubrimiento de América y borrar el reciente Imperio Romano fallido. De alguna manera, estos 185 años se corresponderían con los dos siglos de paz de la alianza Horda-Otomana que identifica la NC, y el salto cronológico tendría por objeto borrar su rastro. Si este salto se confirma, las consecuencias son múltiples, ya que permite comprender un orden codificado en la historia oficial hasta el siglo XVII, donde toda la Edad Media europea se habría trasladado al pasado. Los saltos de 185, 370 y 555 años apuntarían en esta dirección. La reconstrucción es, por tanto, una herramienta relevante para la NC, ya que permite corroborar buena parte de los resultados de datación ya realizados, y establecer relaciones plausibles.

Asimismo, la hipótesis de la ocupación de América desde Europa a partir del siglo XVII no se corresponde exactamente con la reconstrucción de la NC. La NC indica que en 1492 tiene lugar este descubrimiento, y que el relato histórico distorsiona los hechos, pero a la vez dice que la colonización hostil comienza en el siglo XVII. En este sentido, se puede argumentar que la historia oficial y la reconstrucción se escriben en el siglo XVIII, y que este factor distorsiona la reconstrucción en general, habiendo reconstruido un relato simbólico en el siglo XV, en paralelo al del Apocalipsis, que la NC fecha en 1486. En esta línea, se encuentra también la hazaña de Hernán Cortés, que la NC sitúa en el siglo XVI pero con una crónica alternativa a la oficial. De acuerdo con la reconstrucción que aquí se propone esta hazaña habría tenido lugar en los inicios del siglo XVIII y, debido a la reconstrucción del pasado, se traslada al siglo XVI. Sin embargo, este factor no entra en conflicto con la NC, ya que se podría dar por buena la hipótesis de la NC que concluye que la crónica de Cortés hace referencia a la gesta de Yermak Timofeyevich, que habría sido el primero en llegar a México, pero desde Tartaria, o Rusia. Por lo tanto, se corroboran ambas reconstrucciones, la que aquí se propone y la que realiza la NC.

En tercer lugar, la reconstrucción del traslado de los poderes bizantinos en Europa Occidental, en nombre del Sacro Imperio Romano Germánico, junto con los poderes del Papa de Roma, dialoga con la NC. De hecho, resuelve la enigmática invención del linaje de los Habsburgo que centra buena parte de la reconstrucción histórica realizada. Es, por tanto, una explicación razonable y argumentada con múltiples evidencias.

En cuarto lugar, todo lo que hace referencia al Arca de la Alianza, que se sitúa en el año 1486, dialoga también con la NC. La NC describe esta fecha como la gran alianza Horda-Otomana. Esta Alianza, por tanto, sería también la gran alianza bíblica. Es, por tanto, una explicación razonable que complementa el trabajo realizado desde Moscú.

El diálogo entre las reconstrucciones es visible, pero conviene resaltar que este trabajo no niega o contradice la investigación de la NC. Complementa sus resultados en clave de hipótesis, a la espera de nuevas evidencias o pruebas que permitan contrastar su validez.

En general, se concluye que la historia antigua va perdiendo sus misterios estructurales, que se han incorporado al relato oficial como rastro simbólico de la historia real.

 









UN NUEVO PARADIGMA CRONOLÓGICO
Andreu Marfull-Pujadas
2 de noviembre de 2019
Los imaginarios del origen de la vida, de la magnitud del espacio cósmico, desde el Universo al átomo, así como de los límites de la mente humana, han evolucionado a lo largo de la historia. Haciéndolo, se ha transformado el relato sagrado original de la Creación y se ha dejado espacio para la investigación científica. Pero este proceso no se ha completado, está pendiente el descifrar la verdadera historia de las religiones y el constructo histórico que se ha falseado a su alrededor. Vivimos en un paradigma cronológico erróneo, asociado a la negación que representa no estar dispuestos a renunciar a la fantasiosa narrativa épica que se ha consensuado, incluyendo la de los textos bíblicos.

Resultado de la autoridad del consenso oficial, nos encontramos muy limitados en cuanto a la capacidad de abrir la crítica hacia el constructo histórico, y más aún cuando ésta afecta a los textos sagrados. La opción de transformar la historia no se contempla, y todavía menos de transformar el mapa cronológico. Y en esta limitación estructural participa el cuerpo científico que, mediante métodos de datación como el del Carbono-14, tiende a negar que todos los medios que utiliza se refuerzan con el mapa cronológico oficial. Todos lo hacen, incluyendo el del Carbono-14, que se enmarca en un espacio científico que se considera sólido, pero no lo es. Todos los métodos se aferran al encaje histórico consensuado, con el agravante de que éste se ha establecido antes del nacimiento del campo científico liberado del brazo censor. (1 )

Sin darnos cuenta, al referirnos a la historia estamos acostumbrados a buscar las piezas de un puzle, pero nunca cuestionamos el puzle, que se ha erigido como un constructo sagrado, y eso no nos permite avanzar en el conocimiento de la historia real ni hacer un estudio riguroso sobre la autenticidad de sus fundamentos documentales. No somos capaces de constatar que las piezas fundamentales de este puzle son un encaje cronológico dudoso, ni de abrir el campo de investigación que esta evidencia plantea. Únicamente se ha tolerado una investigación alrededor de la falsificación documental, eminentemente minoritaria (porque es delicada y siempre controvertida), que siempre sigue el patrón de evitar relacionarse con la responsabilidad de las autoridades establecidas. Se abren tímidas puertas que apuntan a la práctica de una deliberada manipulación, pero son insuficientes.

Existe una resistencia científica que pone en evidencia que, tal y como demuestran múltiples pruebas (no reconocidas por los estamentos oficiales que gobiernan el mundo y tutelan las academias de historia), vivimos en un imaginario histórico erróneo, en el cual se ha creado una ingente falsificación arqueológica y documental. Se trata de un camino trazado en los últimos siglos por diferentes autores, como Isaac Newton o Nicolay Alexándrovich Morozov, que en el siglo veintiuno está liderado por dos matemáticos rusos, Anatoly Timofeevich Fomenko y Gleb Vladimirovich Nosovskiy. Pero esta línea de investigación ha sido sujeta a una poderosa desautorización. ¿Por qué? Por todo lo que representa. Representa el último gran desafío paradigmático de la humanidad. Por esta razón, para abrirle paso es necesario, antes, comprender cómo se comporta el conocimiento y la ciencia humanas.

La ciencia evoluciona y con ella el espacio paradigmático de la razón humana. Haciéndolo, se amplía y se transforma el alcance del conocimiento y se le da continuidad, pero sólo en determinados casos la ciencia es capaz de cuestionarse a sí misma. El filósofo de la ciencia e historiador estadounidense Thomas Samuel Kuhn (1922-1996), en su libro La estructura de las revoluciones científicas (1962) desarrolló esta idea popularizando el concepto de “paradigma científico”. Kuhn descifró que el conocimiento científico responde a cosmovisiones paradigmáticas que evolucionan siguiendo un determinado patrón. Según indica, el conocimiento evoluciona junto con los paradigmas que crean las diferentes cosmovisiones a lo largo de la historia. El inicio del proceso parte de una etapa "precientífica", que crea las bases de un paradigma sobre el que se construye lo que él llama una "ciencia normal", hasta que entra en crisis a través de las anomalías o contradicciones que no puede o no sabe reconocer, y es capaz de crear un nuevo paradigma que conduce a una "ciencia revolucionaria". Cuando esto sucede, se crea un pulso entre los defensores y los detractores del nuevo escenario, hasta que se normaliza un nuevo estadio que crea una nueva cosmovisión y una "ciencia normal" renovada. Entonces, el proceso vuelve a empezar y el mundo científico comienza a producir conocimiento en base a estos cambios, renegando de la etapa anterior.

Kuhn (1962) desarrolló la crítica al conocimiento científico y amplió la ya desarrollada por Karl Popper en 1934 con la obra La lógica de la investigación científica, en la que se trataba la tendencia a desarrollar conocimiento creando marcos fiables de investigación con el fin de obtener unos resultados deseados. O dicho de otro modo, se denunciaba que los científicos creaban métodos de contrastación que se manipulaban, eligiendo los que les convenían y eliminando aquellos que cuestionaban o ponían en duda lo que se quería demostrar.

Pero este cambio paradigmático estructural no ha sido el único en los últimos siglos. De hecho, se han producido varios, que han obligado a transformar la dimensión del alcance de la razón humana. La historia del conocimiento demuestra que la adaptabilidad del conocimiento a la voluntad humana, al deseo de racionalizar lo imaginado, se cumple, del mismo modo que se cumple el patrón de la negación y de la resistencia al conocimiento cuando nuevos paradigmas desean abrirse paso. Son ejemplos de ello las aportaciones de Nicolás Copérnico (Koppernigk, 1543), Giordano Bruno (1582; ​​1584), Johannes Kepler (1609; 1619), Galileo Galileo (1623) e Isaac Newton (1687) en cuanto a las leyes del cosmos. Su trabajo fue rechazado y antes de ser aceptado tuvo que luchar contra la cosmovisión cristiana de la época, en que la Tierra era el centro del Universo. Con este giro paradigmático cambiaron muchas cosas, destacando la escala espacial de la realidad imaginada y poniendo en duda la voluntad de Dios, sin llegar a destronar a la autoridad religiosa de referencia. Después del giro cósmico apareció la obra El origen de las especies de Charles Darwin (1859), que alteró de raíz el sentido del origen de la vida y de las especies, e hizo repensar la historia humana. ¿Por qué? Desde entonces se empezó a aceptar que su edad tenía millones de años, resultado de una evolución que nos unía a todas las especies como una obra conjunta, en la que el ser humano era un primate, como los monos, dotado de un cerebro más voluminoso. Con esta cosmovisión nacía el imaginario actual de la "pre-historia". Paralelamente, se creó el espacio para la investigación microscópica, llegando al descubrimiento del átomo, creando la Tabla de los elementos químicos que engloban el Universo y naciendo la física cuántica.

Con la aparición de la cosmovisión de la evolución del mono al homo sapiens se ha incorporado la idea de la prehistoria y del inicio de la cultura civilizada, a la que se ha adaptado el mapa cronológico. La historia resultante tiene cientos de miles de años. Pero antes había una historia escrita, sin prehistoria, que empezaba con la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios, y comenzaba siete mil años atrás (haciendo coincidir el calendario bíblico con el oficial), que se afirma está documentada siguiendo a un linaje.

De este modo, se constata como en poco más de dos siglos se ha ampliado la cosmovisión del espacio y del tiempo, y el alcance del mundo científico, que se ha separado ostensiblemente de la narrativa de la fe religiosa. Desde entonces se han creado fracturas entre las cosmovisiones simbólicas y las racionales. Pero las leyes del Universo y las de la mente humana siguen siendo objeto de estudio, porque todavía se desconoce su correlación. Y mientras exista esa duda se deja espacio para un imaginario tolerado, que convive con diversas corrientes de pensamiento y múltiples variantes en nombre de fes o místicas que unen la humanidad y los seres vivos a una cierta divinidad o realidad que, aparentemente, nos sobrepasa. Este espacio paradigmático, confuso y estimulante, caracteriza al inicio del siglo veintiuno.

Se pone en evidencia, por tanto, que el método científico es manipulable, como lo es la cosmovisión de la realidad, y evoluciona siguiendo una narrativa consensuada. En esta línea, Jürgen Habermas, en su libro Teoría de la Acción Comunicativa, de 1981, avanza en este planteamiento reflejando la capacidad del ser humano de instrumentalizar la razón y el lenguaje comunicativo para crear la pretensión de una “validez”, asociada al poder que genera. Habermas ha desarrollado la lógica de la lucha de la emancipación social que se atribuye a Karl Marx y la ha trasladado al ámbito simbólico. Pone en crisis, de forma concluyente, la capacidad de crear fantasías y pseudo-realidades en nombre del discurso, la narrativa del lenguaje y otros instrumentos creados con el raciocinio al servicio del poder y para el control social. De esto trata el nuevo paradigma cronológico. Trata de romper la lógica del poder simbólico creada a través de una historia y un mapa cronológico altamente manipulados por quien ostenta el poder y el control social.

En cierto modo, las aportaciones de estos autores representan el estado más avanzado de un debate crítico con las debilidades del raciocinio iniciado con las obras de Immanuel Kant, que en los años 1781, 1788 y 1790 publica Crítica a la razón pura, Crítica a la razón práctica y Crítica del juicio, respectivamente, y se convierte en la principal referencia filosófica de la Era Contemporánea. Antes, se encuentra la aportación del rabino Baruch Spinoza, que en 1677 publica la obra póstuma Ethica ordine geometrico demonstrata, en la que, tal como lo hace Kant, se filosofa a Dios y se llega a definir que la ética viene a ser la lógica de toda esencia que aspira a persistir en su ser. Es decir, explora la lógica de la supervivencia de toda realidad, ya sea real o simbólica. La ética de Spinoza representó la constatación de las equivalencias entre la teología y la política que ya desarrolló años antes, en 1670, el libro Tratado teológico-político, que lo enfrentaron con los estamentos judíos, protestantes y católicos. De hecho, Spinoza fue quien llegó más lejos, más todavía que Popper, Kuhn y Habermas, y desde entonces nadie lo ha igualado, en la medida que apunta a la cuestión del saber fundamental: a la construcción de Dios. Por esta razón, Ethica se publicó tras su muerte, y bajo pseudónimo.

Es decir, el significado de la historia, de los textos sagrados, de la filosofía y de la ciencia se ha transformado ostensiblemente a lo largo de los siglos diecisiete, dieciocho, diecinueve y veinte. Pero también el del mapa cronológico. Y se ha transformado sin descifrar aún cómo y cuándo se creó.

Oficialmente, se dispone de una extensa documentación que nos informa de las equivalencias entre diferentes calendarios creados desde diferentes entornos culturales y religiosos, y este encaje se crea antes de la aceptación del escenario espacio-temporal contemporáneo. Gracias a esta base se ha establecido una lógica de la historia y, con ella, una cosmovisión que nos traslada a un pasado épico y mitológico que, desde hace pocos siglos, convive con el imaginario de la prehistoria. Pero la historia antigua se corresponde con una cosmovisión paradigmática creada en paralelo a la reconstrucción de las grandes civilizaciones clásicas, que se origina con el imaginario de la Era Moderna, antes de incorporar las lógicas del orden del universo, de la escala microscópica y de la evolución de las especies. Asimismo, a pesar de las dudas razonables que esto plantea, la veracidad de la historia se considera contrastada y bien documentada. De alguna manera, la historia ha mutado, pero se ha ido consolidando sin una actitud lo suficientemente crítica, que dude de la veracidad del mapa cronológico y, por tanto, ponga sobre la mesa la posibilidad de que la historia antigua y sus mitos sean una invención, como han demostrado Fomenko y Nosovskiy (2005) y corrobora este trabajo.

Con un simple vistazo crítica se puede recorrer parte de las evidencias que Fomenko y Nosovskiy han descifrado científicamente mediante métodos de datación astronómicos y estadísticos concluyentes. De hecho, deberían ser suficientes, pero no consiguen encajar a la conciencia científica por la lógica de la debilidad razonada del comportamiento humano. Por ejemplo, existe la evidencia de un hilo lineal entre el arte, la ingeniería, la arquitectura, la ciencia y la filosofía del imaginario grecorromano y el del Renacimiento. Sorprende sobremanera que todo se abandonase y se reconstruyera por si solo después de mil años. Se buscan razones complejas que justifican los mil años que los separa, pero no existe un debate capaz de plantear la evidencia de esta incongruencia, que implica poner sobre la mesa la hipótesis de mil años añadidos. En general, de hecho, se declara como bien documentado todo lo anterior a la Edad Media, cuando es entonces cuando aparece la ingeniería, el arte, la arquitectura, la política parlamentaria, la justicia, la filosofía, la banca, el control documental, el control del tiempo, los contratos y los apellidos, los mapas, las redes de comunicaciones, las universidades y la ciencia. Es decir, aparece la civilización en un determinado momento, iniciando un crecimiento exponencial del progreso y del conocimiento que no tiene marcha atrás.

De este modo, en lo referente a la antigüedad, aparecen varios anacronismos. Como se ha indicado, destaca la duplicidad entre el desarrollo medieval y el equivalente de la era de los grandes clásicos grecorromanos, pero hay otros. Por un lado se encuentra la incongruencia arqueológica que existe entre el alcance de la documentación egipcia y los huecos del resto de civilizaciones contemporáneas. Por otro, destaca la ilógica de la involución tecnológica entre las propias culturas civilizadas.

Respecto al primer caso, resaltar que existe un legado egipcio bien conservado en la forma de grandes templos en buen estado de conservación, sepulcros y papiros egipcios, junto con muebles, pinturas, objetos y otros documentos, que informan de una cultura avanzada, que la historia oficial sitúa miles de años atrás. Pero, en cambio, existe el más absoluto vacío equivalente en relación a hechos contemporáneos como el antiguo Israel o Babilonia, de los cuales no se han conservado documentos, muebles, sepulcros ni grandes templos. Y todo ello forma parte de otro enigma al que se le busca dar explicación. Del mismo modo, la antigua Roma, posterior al Egipto faraónico, tampoco ha conservado los documentos escritos, ni los muebles ni los grandes sepulcros para los emperadores o la alta nobleza que sí ha conservado Egipto. Pero a esta contradicción también se le da una explicación.

Respecto al segundo caso, destaca el desorden de la lógica del avance tecnológico respecto a los productos que son testimonio de ello y al tiempo en que se ubican. Por ejemplo, se ha situado en un tiempo inmemorial a la pirámide más perfecta, la de Keops, haciéndola anterior al resto, que son mucho más rudimentarias. Por otro lado, los arqueólogos no saben cómo justificar esta colosal obra de acuerdo con el desarrollo tecnológico de la época. Limitados por la inercia del consenso académico, se aferran a decir que hace miles de años, sin maquinaria apropiada, se esculpían grandes bloques de piedra que eran cautelosamente colocados con una precisión milimétrica para la ejecución de grandes templos que, por si fuera poco, incorporan leyes matemáticas y un conocimiento excepcional del firmamento. Todo ello se realizaba con la fuerza bruta de los esclavos, quienes utilizaban metales rudimentarios, maderas y cuerdas, y eran capaces de cargar las piezas labradas en barcos (no se sabe cómo) para luego arrastrarlas por la arena, cosa que no es posible. Resulta evidente que todo esto no puede ser contemporáneo a la prehistoria, y que los bloques de piedra son artificiales, hechos in situ, a partir de una técnica que se puede constatar hoy en día, o bien que se han cortado, esculpido y transportado con una maquinaria moderna.

Pero nadie se atreve a contradecir al relato histórico oficial, ni los más temerarios, de acuerdo con el patrón de la prudencia (o comodidad) académica, si bien se ha desarrollado un fenómeno paralelo digno de estudio. Ante la imposibilidad de razonar la incongruencia creada entre el tiempo cronológico y el desarrollo científico, en una era en que la humanidad ha explorado otros planetas y se ha puesto de moda la visualización de objetos voladores inexplicables, se ha ido imponiendo la tesis de que todo tiene un misterioso origen que, tal vez, es alienígena. Junto a una irracionalidad histórica se ha edificado todo un imaginario fantasioso que, por si fuera poco, ha hecho escuela. Un ejemplo de ello es la obra del escritor suizo Erich Anton Paul von Däniken, que en 1968 publica Recuerdos del futuro, en la que llega a la conclusión de que la civilización humana fue instruida por seres de otros planetas, por lo que la enigmática civilización avanzada de la gran antigüedad queda resuelta. La tesis es que "ellos construyeron aquellos templos tan precisos en un tiempo en que la humanidad era primitiva”. Esto es lo que pasa cuando se juega a manipular el tiempo. Este hombre ha vendido más de sesenta millones de ejemplares de sus libros, ha alimentado la ciencia ficción e, incluso, ha estimulado una nueva espiritualidad. Él tuvo una idea, y el culto al sector del entretenimiento, lucrativo y popular, hizo el resto.

Es decir, hay evidencias de múltiples contradicciones históricas y piezas que no encajan en el mapa cronológico, y, resultado de una manipulación monumental, se han creado fantasías monumentales.

Llegado a este punto de la disertación, se entiende mejor porque no se ha desarrollado la crítica al mapa cronológico. La investigación de la duda cronológica hace tiempo que se ha iniciado, pero no cuenta con el apoyo tácito de la fantasía creativa. Todo lo contrario, se topa contra la resistencia del status quo tutelado por los poderes que gobiernan la Academia, y contra el rechazo que representa asimilar que vivimos en un engaño histórico, simbólico y documental, que en cierto modo es vergonzoso. La simple idea de esta trampa es de buen inicio tan lamentable que antes de aceptarla es más sencillo despreciarla. Es un tabú para la conciencia colectiva.

El engaño histórico está documentado, y se conoce desde hace tiempo. La crítica al mapa cronológico existe desde el momento en que se crea el mapa cronológico oficial, como una denuncia a la creación arbitraria de la historia que se basa en hechos que tuvieron lugar durante la Edad Media. La historiografía oficial hace de Eusebio de Cesarea y San Jerónimo (ambos del siglo cuatro) los “padres” de la cronología, junto al texto bíblico. Pero quienes construyeron la cronología fueron Joseph Justus Scaliger, con sus obras De emendiatone temporum (en 1583) -un año después de crear el calendario gregoriano- y Thesaurum temporum (en 1606), y Dionisio Pétau o Petavius con su obra De doctrina temporum (en 1627). París fue el escenario de estas obras. Ambos eran religiosos cristianos, como los principales historiadores de la época, a los que conviene añadir los cronistas reales. Es decir, iglesia y poder político eran quienes lideraban el imperio de la construcción de la historia, en una práctica que se mantiene hasta el siglo diecinueve, cuando se construye la enseñanza universal de la historia. Ambos muestran el mapa temporal con detalladas tablas, basadas en la tradición, sin otro fundamento que el prestigio atribuido a sus fuentes. Scaliger reconstruyó la crónica de Eusebio de Cesarea, que hasta entonces estaba incompleta, y las historias egipcia, persa, babilónica, judía, griega y romana, desde la Creación de Dios, es decir, desde Adan y Eva. Según sus cálculos, el año 1492 después de Cristo se correspondía al año 7000 desde la Creación, basándose en el calendario bizantino. De este modo, tan singular fecha coincidía con el descubrimiento de “nuevo mundo” que daría inicio a una nueva era, cristiana y romana.

Tal como han explorado y descifrado Fomenko y Nosovskiy (2005a), las obras de los grandes historiadores clásicos se publicaron en el siglo quince y no fue hasta el siglo dieciséis que se construyó el mapa cronológico oficial. Y es a partir de entonces que se genera la controversia histórica.

Fomenko y Nosovskiy (2005a) han recopilado la historia de la denuncia al mapa temporal de la historia, documentando y ampliando el trabajo hecho por Morozov (1914; 1941; 1998). Informan de las aportaciones de De Arcilla (siglo dieciséis), profesor de la Universidad de Salamanca; del físico, matemático, teólogo e historiador inglés Isaac Newton (1643-1727); del científico alemán Jean Hardouin (1646-1729); del secretario personal del zar ruso Pedro el Grande, Petr Nikiforovich Krekshin (1684-1763); del filólogo alemán Robert Baldauf (siglos diecinueve y veinte); del historiador inglés Edwin Johnson (1842-1901); del científico y enciclopedista ruso Nicolay Alexandrovich Morozov (1854-1946), que fue quien convirtió la cronología en una ciencia; así como del científico y abogado alemán Wilhelm Kammeyer (finales del siglo diecinueve a 1959); del médico psicoanalista Immanuil Velikovskiy (1895-1979); y de los alemanes Uwe Topper (1940-actualidad) y Heribert Illig (1947-actualidad). Todos ellos han puesto en duda el mapa cronológico, lo han comprimido y han denunciado su manipulación y/o falsificación, directa o indirectamente. Incluso, Isaac Newton (1733) dejó escrito, en su obra póstuma, que todo se refiere a apenas cuatro siglos de historia medieval. La aportación de Isaac Newton a la comprensión de la creación de la historia, y de los textos sagrados, se encuentra en sus dos últimas obras publicadas, los años 1725 (The Chronology of Ancient Kingdoms Amended. To which is Prefix’d, A Short Chronicle from the First Memory of Things in Europe, to the Conquest of Persia by Alexander the Great) y 1733 (Observations upon the prophecies of Daniel, and the Apocalypse of St. John), de las que ha desaparecido el material de trabajo en las que se basó.

Pero Fomenko (1945-actualidad) y Nosovskiy (1958-actualidad) han construido las bases del nuevo paradigma cronológico. Su investigación, conocida como la Nueva Cronología es el fundamento científico de la reconstrucción del mapa cronológico. Junto con otros colaboradores (Tatiana Nikolaevna Fomenko y Vladimir Vyacheslavovich Kalashnikov), han recogido el testimonio de la duda cronológica y la han desarrollado. Mediante el análisis astronómico, estadístico e histórico han desarrollado el fundamento de una reconstrucción integral del mapa cronológico oficial, que permite dotar de un nuevo significado al constructo histórico y, complementariamente, explorar la lógica de su origen. Su trabajo identifica múltiples pruebas y evidencias que indican que existen razones para dudar del rigor y la veracidad del mapa cronológico oficial hasta el siglo dieciocho, poniendo en duda el sentido y el significado de toda la historia escrita hasta entonces. Resultado de este trabajo, se concluye que la historia realmente documentada es mucho más breve, de modo que se ha dilatado artificialmente. La historia de la civilización humana tiene apenas un milenio, y los textos sagrados de las grandes religiones se refieren a hechos ocurridos entonces. El caso de la crónica judeocristiana y mahometana se refiere a hechos de los siglos doce al diecisiete. (2 )

Pese a tratarse de un tema controvertido, con la finalidad de profundizar en su estudio e invitar a la comunidad científica global a unirse a este proyecto, la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy se presenta como una hipótesis teorizada y verificada experimentalmente con métodos científicos. Pero, como se ha indicado, sus resultados, en la medida que afirman que el eje central de la cronología oficial es el resultado de una manipulación y de numerosos errores acumulados, son puestos en duda. Cuesta aceptar por la magnitud de la tragedia que representa para los amantes de la historia y de la erudición académica. Por esta razón, la crítica evita la evidencia de los datos obtenidos, que demuestran que los sistemas de datación comunes se han estructurado alrededor de una cronología errónea y que, por tanto, la historia real es diferente a la oficial. Tal como indica Thomas Kuhn (1962), se trata de una ciencia revolucionaria que se encuentra en la fase de resistencia por parte de quienes se sienten desautorizados. Es decir, casi todo el mundo. La conciencia colectiva no está dispuesta a aceptar la renuncia a todo el espacio mental de la historia y sus símbolos.

En esta línea, la Cronología X-185 trabaja con la de Fomenko y Nosovskiy, con la vocación de comprenderla y ampliar el alcance de su reconstrucción, para empujar al nuevo paradigma cronológico hasta transformarlo en una ciencia normal, con todo lo que ello implica. Se trata de una hipótesis desarrollada desde Barcelona, que complementa el trabajo de los matemáticos rusos, con quienes el autor colabora amistosa y voluntariamente desde el año 2015. ( 3)

 

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Cronología X-185: Otro mapa mental para el descubrimiento de América
Andreu Marfull Pujadas
5 de octubre de 2019
Según la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy , la colonización europea de América, tal como la conocemos, comienza en la segunda mitad del siglo diecisiete, y antes se han establecido rutas entre Europa y América por el océano Atlántico, en las que participan judíos, cristianos y mahometanos. Múltiples y extraordinarias pruebas lo corroboran. Del mismo modo, esta investigación demuestra, sin lugar a dudas, que la historia antigua y la crónica de los textos sagrados se refieren a hechos que tuvieron lugar durante la Edad Media.

Por otro lado, según la Cronología X-185, la hazaña del descubridor Colón se enlaza con el desmantelamiento de la Orden del Templo de Salomón y, al mismo tiempo, existe un salto cronológico adicional que le da sentido. La Edad Media hay que entenderla 185 años más cercana y, los hechos de la Orden del Templo de Salomón, hay que entenderlos 185 años adicionales más adelante, hasta las puertas del siglo dieciocho. Los siglos dieciséis y diecisiete de los Habsburgo hispanos no existieron.

De acuerdo con la lógica, las evidencias y las pruebas que trabaja esta investigación, hay un orden judío, salomónico y templario en la Edad Media real, que convive con un orden cristiano y mahometano, pero con otro escenario cronológico, diferente al oficial. La Orden del Templo de Salomón tiene su espacio temporal 370 años más cerca, por lo que su fundación y su desmantelamiento, por parte del rey de Francia, no tiene lugar en los años 1116 y 1307 oficiales, sino en los años 1486 y 1677 reales. A su vez, el descubrimiento de Colón hay que situarlo 185 años más adelante, también en 1677. Inicialmente, el proyecto colonial papal hispano es consecuencia del desafío francés ante este orden. Hasta entonces, la Orden lidera las rutas marítimas, en paz relativa con los mahometanos otomanos, resultado de un pacto, entre Oriente y Occidente. El pacto es la alianza del Arca de Salomón, que se establece en el siglo quince, de acuerdo con la Nueva Cronología de Fomenko y Nosovskiy y de acuerdo con la Cronología X-185. Pero el pacto entra en crisis en el siglo diecisiete y, como respuesta, nace el poder del Vaticano y, con él, el proyecto mesiánico de Cristo que acabará impulsando la colonización y la reconstrucción integral de la historia y la de los textos sagrados, con la dirección de la compañía de Jesús y el brazo censor de la Santa Inquisición.

Resultado de un desafío simbólico asociado a la imposición de un Mesías, que debe sustituir el ideal del Templo de Salomón, se inicia una manipulación integral de la historia. Con ella, se crea un falso origen de la colonización, que a su vez mutila la historia real de los protagonistas que la han liderada hasta entonces. Esta gran manipulación empieza a ser intensiva desde el 1715, que corresponde al año oficial de 1530.

Esta reconstrucción crea grandes incongruencias, como las pruebas hoy en día reconocidas de la existencia de rutas previas hasta América, establecidas por los pueblos nórdicos, así como las equivalentes desde la gran China. Pero hay otras que se pueden analizar. Por un lado, se encuentran los mapas y la extraordinaria imaginería pictórica que se asocia a las carabelas de los océanos con la cruz roja, que ha sobrevivido a su borrado y destrucción. En múltiples imágenes se identifica el descubrimiento de Colón con la cruz patada de la Orden del Templo de Salomón, y en algunos mapamundis se ve la presencia de una flota equivalente dominante, por todos los océanos. Todos ellos hacen referencia a la Orden del Templo de Salomón. Por otro, hay numerosos mapas de la época con los emblemas catalano-aragoneses y con la cruz de la Orden de Cristo portuguesa (este orden dirige, oficialmente, las primeras décadas de la empresa colonial portuguesa), que suelen no incluir el símbolo del castillo representativo de Castilla. Estos mapas hablan de un orden anterior al castellano, en la empresa colonial. Pero también hay otras incongruencias, como la del proyecto colonial, papal, del Tratado de Tordesillas de 1494 (en 1679 real), que reparte el mundo entre los reyes de Aragón y de Castilla y los de Portugal. Este tratado internacional es ilógico, al igual que lo es el anacronismo histórico de que, oficialmente, se reparta un nuevo continente mientras Colón cree estar en Asia. De otro modo, tampoco son congruentes las sorprendentes concesiones al almirante Colón en las Capitulaciones de Santa Fe, selladas en Barcelona antes de consumarse el "descubrimiento". Estas capitulaciones no tienen sentido, y el reparto del mundo entre los reyes hispanos de las Españas y de Portugal tampoco, de la manera que nos ha sido transmitido. No tiene sentido que se delegue al linaje de un supuesto descubridor el rango de Virrey de Asia (cargo vitalicio para él y sus sucesores) y se lo envíe allí con únicamente tres barcos para que tome posesión de las tierras, ante la magnífica autoridad del Gran Kan; ni que se le entregue el derecho de diezmo que hasta entonces pertenece a la iglesia; ni que se le haga juez principal de todos los asuntos que se diriman allí.

No tiene sentido que se reparta el mundo entre el linaje de un almirante, al servicio de una reina castellana, y la autoridad de Portugal liderada por la Orden de Cristo. Y tampoco tiene sentido que esta empresa concedida por el Papa, que debe beneficiar a todos los cristianos, excluya a los del resto de Europa y a los judíos y mahometanos hispanos asentados allí desde hace siglos, hasta el punto de declararse a todos ellos indignos de ejercer su derecho de adopción de fe a un mismo Dios, a partir del mismo año 1492. No lo tiene.

En cambio, sí tiene sentido que Colón represente a la autoridad genovesa y/o catalana de la Orden del Templo de Salomón (que hasta la fecha ha sido la principal autoridad marítima del brazo militar, como evidencian los cuadros del descubrimiento y los mapamundis), tras el atentado del rey de Francia hacia este Orden a las tierras francas y occitanas al 1677 real (en 1307 oficial), coincidiendo con el debilitamiento de la alianza del Arca de Salomón. En este sentido, adquiere especial relevancia la fundación de los poderes templarios en los reinos de Valencia y de Portugal, con los nombres de la Orden de Santa María de Montesa y de Cristo, respectivamente, en el año 1314 oficial, que es el 1684 real. Estas órdenes han sido creadas junto al Tratado de Tordesillas, y han sido apoderadas por el Papa para completar la misión del Templo de Salom vencido, en nombre de María y de Cristo, bajo la nueva cruz de San Jorge. Es decir, en el inicio de la reconstrucción de la historia, se concibe la mutación integral de la Orden del Templo de Salomón bajo la autoridad del papa de Roma, desafiando la osadía del rey de Francia.

De acuerdo con este razonamiento, tiene sentido que Colón sea la cabeza de un linaje imperial asociado a los grandes monarcas, que a su vez represente y/o sustituya a la autoridad judía de Europa occidental y a un orden religioso y militar, romano y salomónico, dominante y principal, antes de su desmantelamiento posterior que da lugar al nuevo orden católico y romano del Vaticano. Junto a los poderes de los Colón aparecen en las esferas hispana y vaticana los de los Borja, que van de la mano, y, a su vez, a medida que son intervenidos por la competencia imperial europea que se levanta con ellos, "caen" años más tarde, conjuntamente.

Está en juego el fundamento económico de un ambicioso proyecto cristianizado, que necesita el oro y la plata proveniente de América, que hasta entonces ha enriquecido a la Orden del Templo de Salomón. La apropiación de este "tesoro" de minas de metales y piedras preciosas, por parte del cristianismo europeo, sin el cual es imposible concebir la colonización europea, es una razón de peso para borrar de la historia, para siempre, la autoridad de sus anteriores propietarios. Especialmente la judía y la mahometana, aliada hasta entonces en un frágil pero fructífero orden salomónico, sabio.

Por esta razón, el Papa Inocencio VIII entrega a Miguel Alonso de Pinzón, antes de la hazaña del descubrimiento, un documento de la Corte de Salomón proveniente del estamento judío que informa de cómo llegar a grandes y ricas tierras que se encuentran en el Oeste, apuntando a México. La Corte existe, y en este inicio es judía y papal.

A su vez, la trascendencia de esta reconstrucción sobrepasa el alcance y el significado que se desprende a primera instancia. Tiene que ver con el borrado deliberado de la importancia del Imperio Romano de Constantinopla en beneficio del de Italia, que es en gran medida una invención creada especialmente a lo largo de los siglos diecisiete y dieciocho. Y tiene que ver con el traslado de los poderes papales a Roma, provenientes de Aviñón; con la historia del borrado de la autoridad medieval del Templo de Salomón; y con la estigmatización y posterior persecución de las comunidades judía y mahometana.

Según la reconstrucción de la Cronología X-185, la Roma papal es, básicamente, una obra que nace en Aviñón, no antes, y se crea para la gloria de Europa y como constructo hecho a medida de los requerimientos del proyecto colonial, católico y universal, que desde entonces modifica la historia, haciendo de Roma la primera sede de la historia de la iglesia cristiana. Inicia su epopeya desde allí, para la gloria de los papas y del cristianismo, venciendo, por la fuerza de la fe, a un imperio pagano. Es el inicio de la falsificación arqueológica, genealógica y documental a gran escala.

La Roma italiana, el Vaticano y el Cristo mesiánico se imponen entonces, bajo el brazo implacable del proyecto colonial y con los brazos eclesiásticos de la Santa Inquisición y la Compañía de Jesús.

Por esta razón, es entonces, a lo largo de los siglos diecisiete y dieciocho, cuando se radicalizan las diferencias entre los cristianos y los pueblos mahometano y judío, no antes. Tal como defienden, de hecho, Fomenko y Nosovskiy.

Siguiendo con el hilo de la reconstrucción histórica:

El 1520 oficial se corresponde al 1705 real, y coincide con cuatro episodios capitales: 1) con la etapa previa a la caída de la sede de Rodas de la Orden de San Juan, heredera de la Orden del templo de Salomón: 2) con el inicio de la lucha europea por el control de Roma, de Italia y de la Corona de las Españas; 3) con la toma de posesión de México, por parte de Cortés (quien sería el Conde de Ribagorza y de Cortés, de sangre imperial bizantina, del linaje de los Láscaris Comneno, los líderes de la Orden Constantiniana y de San Jorge);.y 4) con el inicio del llamado Cisma Cristiano de Occidente, que se inicia en 1520 (1705) con la obra La cautividad de Babilonia, escrita por Martín Lutero.
El año 1540 oficial se corresponde al 1725 real, y coincide con la fundación de la Compañía de Jesús, que en pocas décadas dirige la reconstrucción de la historia con la colaboración de las principales sedes imperiales, de Europa, el norte de África, Oriente medio, Persia, India, China, Japón y América. Esta producción llena de libros de historia el imaginario de los siglos dieciséis y diecisiete, siendo todos ellos libros editados a partir de entonces pero con fechas enviadas al pasado.
El año 1725 se acuerda el Tratado de Viena, que pone fin a décadas de luchas en toda Europa. Los acuerdos son un pacto global que legitima el reparto de medio mundo entre los recién recreados estados europeos. La Compañía de Jesús se creó entonces, no antes, y su principal empresa fue difundir la Biblia mesiánica y reconstruir la historia conciliando todos los calendarios del mundo.
Se inicia así la empresa de la manipulación coordinada más grande jamás acordada entre los poderes del mundo, después de décadas de tímidos avances ya iniciados, hasta la creación del primer mapa cronológico global que seacaba instaurando. Annio de Viterbo (en el 1683 real, es decir e 1498 oficial), después Isaac Newton (en el año oficial, y real, de 1727) y después la Compañía de Jesús (1725-1773), con la colaboración de las cortes imperiales y sacerdotales de todo el mundo, reconstruyen el pasado y entregan a la academia de la historia la narrativa oficial que nadie osa cuestionar. De esta manera:

El año 1583 oficial se corresponde con el 1768 real, y es cuando tiene lugar la publicación principal del actual mapa cronológico, obra de Joseph Justus Scaliger, después de intensas décadas de trabajo. Coincide con el desmantelamiento de la Compañía de Jesús en casi toda Europa y con la supresión oficial de la misma por parte del papa Clemente XIV, el 1773. De esta manera, se borra el rastro de toda esta gran y extraordinaria manipulación.
Todo tiene que ver, en gran medida, con esta cuestión, que conviene entender bien. Tiene que ver con los textos sagrados, con el Templo de Salomón, con el pueblo judío y con todo lo que se transforma en nombre de la colonización, con unos hechos que se encuentran íntegramente dentro del imaginario de la Edad Media. Tiene que ver con las raíces de la Francmasonería (1717-1736); con la independencia de los Estados Unidos de América (1776); con la Revolución Francesa (1789); y con el posterior Imperio de Napoleón (desde 1804 hasta 1815). Y, al mismo tiempo, tiene que ver con la manipulación de la historia de los imperios coloniales europeos.

Esta reconstrucción sitúa la historia de los imperios coloniales de Castilla, Portugal, Inglaterra y Francia, en la lista de historias modernas recreadas para su gloria, especialmente en relación a los hechos de los siglos dieciséis y diecisiete. Y, en cambio, sitúa la historia anterior de poderes como el catalán, el genovés y el veneciano en la lista de historias adulteradas, borradas para el beneficio de las anteriores.

Debido al cambio geopolítico que asienta a los Borbones en el trono de las Españas, se crea un completo borrado de la historia reciente que incluye la total manipulación de la identidad y de las razones de la empresa colonial de Cristóbal Colón, así como de la de Hernán Cortés y la de otros conquistadores contemporáneos; una mutación sistemática (no oficial) de los apellidos catalanes, que adoptan denominación castellana e italiana.

La supremacía castellana, que la historia oficial crea a partir del siglo dieciséis, ante una Corona de Aragón que se amolda a ella, es el resultado de una mala reconstrucción cronológica ordenada por la Iglesia inquisitorial romana. En esta manipulación deliberada desaparece el catalán de las obras editadas; todos los grandes conquistadores son castellanos y no existe ninguna razón para tal agravio (como sí ocurre en el siglo dieciocho), en un escenario absurdo que se hace coincidir con un imperio europeo de los Habsburgo que la castellanidad colonizadora ignora completamente. En realidad, tiene lugar una castellanización de España en tiempos de los Borbones, en el siglo dieciocho, cuando los catalanes se han sometido y han desaparecido los poderes de los reinos hispanos sobre Italia y el resto de Europa. El Imperio Español castellano comienza entonces, y termina con la invasión de Napoleón y la consiguiente pérdida de la mayoría de las colonias, un siglo más tarde. Antes es una empresa colectiva con notoria presencia catalana e italiana, heredera del Templo de Salomón, que compite con Francia por el control de Roma y el del imperio salomónico fracturado.

El Siglo de Oro de la lengua española (castellana), a su vez, no comienza en 1530, sino en 1715, y no acaba en 1645 sino en 1830, cuando cae la Santa Inquisición en España. Por esta razón no tiene ninguna reminiscencia catalana, ni en la lengua, ni en sus autores ni en sus escenarios. La causa no es el abandono voluntario del uso del catalán que narra la historia oficial, después de siglos de gran prestigio. Es la prohibición de su uso que imponen los Decretos de Nueva Planta y el proyecto de unificar toda España alrededor de una castellanidad dominante, tanto en la iglesia como en el gobierno, que la Real Academia de la Lengua establece desde el año 1712. La idea de crear un Siglo de Oro de la literatura española en catalán y otras lenguas es incompatible con el proyecto institucional de su borrado, de la misma manera que se instaura en Francia con el catalán, con el resto de variantes occitanas y con el conjunto de otras lenguas diferentes al francés parisino.

Por esta razón, y no por otra, el celo castellano impide reconstruir la catalanidad de los dos siglos anteriores, creando lo que es, sin duda, una de las mayores contradicciones de la historia europea occidental. Los catalanes, asentados entonces en media Italia y con numerosos puentes con el papado y con los intereses comerciales de toda Europa, con una poderosa banca y altos cargos en la Orden de San Juan Bautista, no se autoinfringen voluntariamente el abandono de esta empresa. Les es impuesto por el nuevo Rey y el nuevo orden papal.


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1 Ver el artículo titulado “El punto débil del método del Carbono-14: el mapa cronológico oficial” (Marfull, 2019).

2 La obra de Fomenko y Nosovskiy está traducida a diversos idiomas, y se puede consultar en la página web http://chronologia.org.

3 Las aportaciones de Andreu Marfull a la Nueva Cronología también se pueden consultar en la página web http://chronologia.org.

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